Sentada en una silla de cuero, ya olvidada, oigo tocar un piano;
Es un instrumento que suena lejano y compasivo;
Parece tocar una sonata y cierro mis ojos para imaginar sus cuerdas;
Que en el mundo me vean aquéllos que creen que se teje la vida con un collar de ausencias;
Ayer supe que tus ojos se quedaron envueltos en un montón de barro y es eso lo que duele;
Mis pies están puestos en la alfombra, mientras miro el recuerdo que dejó la noche de locura que no pasa,
Y el piano sigue tocando en fuga lo que quieres decirme con tus interrogantes;
Estás en busca de un perdón que no te llega, porque me he cansado de tus faltas constantes,
Me he vuelto ciega para ver que nadie cambia, todos son iguales en su esencia;
Entrego vida para recibir muerte y estiro mi mano para saber que no toco algo que sea cierto y que valga un suspiro;
Y el violín toca y toca las notas, como si persiguiera un caballo desbocado que corre tras un jinete que se apeó en una nube...
E intento hacer de cuenta que la lluvia que cae no moja los caminos, sino esta melodía…
¡No quiero perder más el tiempo! Que la nota haga silencio para que la vida siga;
Que el cielo sea cielo mientras tú estés presente rondando los jardines
Y que yo mire el mundo sin intentar que el mundo me mire como si estuviera loca;
El violín ya no suena…se ha quedado callado…ya no lloran sus cuerdas y yo, cierro las cortinas de mis ojos para que no se empañen con el agua que cae.
LUCÍA
(Derechos Reservados)
Etiquetas (Palabras Clave):
Compartir
Facebook
¡Necesitas ser un miembro de Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos RIEPA para añadir comentarios!
Participar en Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos RIEPA