Este año, coincidiendo con la edición de mis “Citas criminales”, aprovechamos para ir a Asturias a refrescar el ambiente y, de paso, conocer la Semana Negra de Gijón. Por desgracia, el libro salió publicado demasiado tarde para que los organizadores tuvieran tiempo de leerlo y, si un caso, hacerme un hueco dentro del programa. No obstante, tanto Inés como yo teníamos interés en conocer la afamada Semana.
Sólo estuvimos dos días, pero la visita mereció la pena. Localizarla fue un tanto complejo, ya que, este año, la habían montado muy alejada de la playa y el centro. La primera impresión le deja a uno un cierto temblor en las piernas, ya que la feria consta de unas cuantas casetas de libreros con un par de carpas para los actos, en medio de una feria con todas las de la ley. Pulperías, churreros, top-mantas y las atracciones más habituales. La Semana Negra parece un invitado extraño en medio de una feria de atracciones. El gentío, por ello, es brutal, aunque la mayoría no tiene el más mínimo interés, ni por los libros, ni por la novela negra. Además, sólo se producen actos por la tarde, lo que, dado el carácter noctámbulo del gremio, debe ser de agradecer.
Esa incongruente circunstancia provoca el rechazo, de entrada, del visitante lógico de la Semana Negra. Sin embargo, al ir a las presentaciones y coloquios, uno descubre que las salas –amplias-, suelen estar llenas. Si no al principio, poco a poco los curiosos van llenando las sillas y suelen quedarse atentos hasta el final. Ese efecto, aunque lateral, empezó a ganar mis simpatías.
Poco después fui a visitar a Paco Camarasa, de la librería “Negra y criminal”, quien confesó que las ventas durante esos días son muy elevadas. Gran número de las personas que en realidad van a las atracciones, acaban parándose en alguna de las casetas de las librerías (algunas de saldos, restos de ediciones y muchas de un tanto demodé republicano y cheguevarista) y no son pocos los que acaban comprando algún libro. Esa extraña simbiosis hace que algunos libreros mantengan el puesto abierto mientras la caja siga retintineando, lo cual puede ser hasta las dos de la madrugada.
Estuvimos departiendo charlas, comidas y bebidas con David Roas, colaborador de
agitadoras.com y un hombre encantador. Entre las charlas con él y Paco Camarasa, dejamos pendiente de confirmar que el próximo octubre o noviembre me dé un bote hasta Barcelona para asistir a uno de los “encuentros” que tan singular librero organiza los sábados.
He de reconocer que, tras esos dos días, me quedó un buen sabor de boca. Aunque muchos actos coincidían en el tiempo en las dos carpas, lo que hacía imposible acudir a todos. A los que pude asistir, me parecieron interesantes y, aunque al ir un poco de “extranjis” no conocimos a toda la gente posible, si que compartimos manteles con un curioso grupo de amantes del cómic y las series de culto, tipo Star Treck.
Sí me quedé con ganas de conocer a los de Estudio en escarlata, pero ya habrá otras ocasiones.
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