La Compañía de Jesús, creada por el guipuzcoano San Ignacio de Loyola a principios del siglo XVI, ha sido una de las órdenes católicas más polémicas durante su medio milenio de existencia. Durante diferentes períodos, algunas otras organizaciones eclesiásticas o laicas han compartido dicho ranking de polemicismo, pero la también conocida como Sociedad, Instituto, Orden y Compañía, ha sido la única que ha perdurado manteniendo una fortaleza creciente. Si la Historia se repite, las otras surgidas en el siglo XX como el Opus, los Legionarios de Cristo, la Cienciología, etcétera, desaparecerán sin dejar más huella que la tinta en los libros de Historia.

A lo largo de sus quinientos años de pervivencia, la Sociedad ha sido expulsada en diversos momentos de multitud de países, como Portugal (1759, 1834 y 1910), Francia (1594, 1762, 1828, 1870 y 1901), España (1767 y 1835), Inglaterra (1605), Japón (1615), Malta (1639), Países Bajos (1818), Rusia (1820), Suiza (1847), Austria (1848 y 1874), Colombia (1850), Alemania (1872), Italia (1873) y Brasil (1754 y 1889). Incluso el Papa Clemente XIV llegó a disolver la Compañía en 1773. En palabras de Fernando Garrido, extraídas de su “Pobres Jesuitas” publicado en 1881: “Estas persecuciones tuvieron lugar, en los países bárbaros como en los civilizados, en las monarquías como en las repúblicas, por los reyes más católicos como por los más heréticos, pudiendo decirse que la Compañía de Jesús ha crecido a fuerza de maldiciones, sobrenadando en medio de las más terribles tempestades contra ella desencadenadas, o reapareciendo tras cada naufragio, más vigorosa y emprendedora, al mismo tiempo que más cauta e hipócrita”. Y también: “ofrece el fenómeno sorprendente, único de haberse fundado, progresado y desenvuelto en el mundo, a pesar de las persecuciones más violentas, destierros, procesos, asesinatos, suplicios, proscripciones en masa, y anatemas de los mismos Papas”.

Y es a este libro, “Pobres Jesuitas” al que quiero remitiros. Su enfoque, no voy a ocultarlo, es enormemente crítico. En su contexto histórico –siglo XIX-, los Jesuitas tenían en España su último refugio y eran muchos los que deseaban que también fueran erradicados del país. En el libro intenta convencer al público de lo conveniente de su expulsión “mostrándose con toda clase de datos y documentos lo inmoral y peligroso de esta tenebrosa institución llamada Compañía de Jesús, condenada por todos los poderes civiles y eclesiásticos; compadeciéndose de los individuos que la componen”.

Si tenéis interés –somos muchos los educados en un colegio o universidad jesuítica- en leer el libro, lo podéis encontrar aquí, aunque no esperéis sorpresas. Los laicistas encontrarán abono para su frontal rechazo a lo católico. Los católicos de otras órdenes verán alimento para reafirmarse en la superioridad de su elección. Los jesuíticos comprobarán cómo los enemigos de la Compañía se han ensañado con ella y se confirmarán en su resistencia ante los ataques de los mismos.

Las mayores críticas a los Jesuitas a lo largo de los siglos han sido, de un lado, “la completa renunciación del hombre al ejercicio de su voluntad, en la abdicación de su libre albedrío, de su conciencia, en aras de la voluntad y de la conciencia del jefe, puesto que hacen el voto de obedecerle ciegamente, obligándose a creer que sus órdenes emanan del mismo Dios, por lo que no pueden menos de ser justas y perfectas, siquiera le ordenen cometer los actos más atroces”. De otro lado, la acumulación de riquezas terrenales y su vinculación al poder en cada momento y lugar. Pero, siendo realista, ¿no son los mismos métodos –en todos los casos, igual que en el de los Jesuitas, revestidos de una pátina de respetabilidad y buenas intenciones morales y societarias- que usan los lobbys americanos, las sectas de diversa índole, los masones, los rotarios, etcétera.


En el libro citado, merece atención especial la dedicada a la Monita secreta o Instrucciones reservadas de los Jesuitas (Secreta Monitae, ou Advis Secrets de la Societé de Jésus). Según el autor, aunque los Jesuitas jamás han reconocido la existencia de dichas instrucciones, las mismas llevan vigentes desde hace siglos y sólo son conocidas por los altos mandatarios de la Compañía. Demostrar si son reales o no, no es tarea del presente artículo, pero conociendo la naturaleza humana y las organizaciones que los hombres desarrollan, no sería descabellado creer en su verosimilitud. Especialmente jocoso es el artículo 7 dentro del capítulo VII, Cómo debe entretenerse a las viudas y disponer de sus bienes: “En fin, con tal que no haya peligro de inconstancia por su parte, si son siempre fieles y liberales para la Sociedad, que se les conceda, con moderación y sin escándalo, lo que pidan para satisfacer la sensualidad”.

Lo cierto es que pocas veces a lo largo del tiempo ha existido una organización que haya sufrido más ataques que la Compañía y, no obstante, cinco siglos después sigue vigorosa y manteniendo una envidiable salud. Sólo espero que, al final de todas sus maniobras y complicadas estrategias, el fin último sea el que preconizan: el servicio a Dios y la búsqueda de la perfección del hombre.

Visitas: 62

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos RIEPA para añadir comentarios!

Participar en Red Internacional de Editores y Proyectos Alternativos RIEPA