El libro se escribe para ser leído. Desde luego podemos aceptar que hay casos donde la sola publicación pudiera ser el objetivo del autor o autores, ya sea porque ese hecho le garantiza apoyos financieros en su trabajo, porque le otorga reconocimiento o, como sucede con frecuencia en una buena parte de los libros de edición de autor, porque así satisface una aspiración personalísima. Sin embargo, raro sería el caso en que la lectura de su obra escrita no fuera el principal atractivo para un autor, pues aún en los casos mencionados, existe la aspiración a ser leído.
Si un libro no es leído, no cumple su principal aspiración, o incumple la tradicional pretensión del libro, se queda manco.
Hoy, además, el libro ha sido incorporado al circuito del consumo. Eso trae consecuencias positivas pero también otras que dificultan el acercamiento entre el autor y el lector. Paradójicamente se incrementa la posibilidad de ser leído pero también la de ser simplemente sepultado por el desconocimiento y el desinterés, o por las perversiones que la lógica del consumo introduce al campo editorial, puesto que al posicionar mercadotécnicamente a un libro o a un autor, se oscurece la probabilidad de darse a conocer de otros. Cuando la selva es el escenario, lo peor es una posibilidad real.
Un libro para que sea leído hoy día requiere además de calidad, una estrategia de posicionamiento comercial eficaz. Y no es que lo anterior nos parezca lo mejor, por el contrario; pero señalamos lo anterior para establecer el punto de partida de nuestra ponencia: el lector y la lectura de un libro son producto de una política editorial integral y no sólo de la calidad de la obra ni del mero talento del escritor.
No resulta raro que hoy por hoy las estanterías de las librerías estén repletas de temas relacionados con el bienestar individual, las doctrinas esotéricas y la nutrición. El mercado no es ajeno a su tiempo, por el contrario, es su principal mercancía. Tampoco resulta raro que un libro de Gabriel Zaid no tenga ventas ni remotamente cercanas a las de Carlos Cuauhtémoc Sánchez. No resulta raro, pues, que la calidad no sea lo que en principio venda sino aquello que se posiciona adecuadamente en el mercado. Y eso requiere estrategias y políticas bien definidas.
Si esto ha venido siendo así, la desventaja es mayor para autores cuyas editoriales a su alcance son aquellas de fondos estatales o nacionales establecidos para el fomento editorial, o las que se alimentan con los fondos de los ayuntamientos o fundaciones culturales, a las editoriales universitarias, debido a que generalmente estas editoriales tienen un posicionamiento secundario en el circuito comercial del libro. No en vano la Red Altexto se ha planteado el esfuerzo conjunto para afrontar de mejor manera los retos que el mercado le plantea al libro universitario.
En ese sentido una primera tarea que tenemos en Coahuila como campo editorial es crear públicos y crear autores en el mercado.
Crear públicos significa que como política estatal se deben consolidar y diversificar acciones tendientes a generar lectores. El libro debe ser acercado principalmente a niños y jóvenes. El supuesto de que la escuela por sí misma genera ciudadanos alfabetizados y lectores es, por lo menos, insuficiente. No es cierto que saber leer nos haga leer. Tampoco es cierto que leer es lo central sin importar qué se lee. Más que eso se debe enseñar a leer y a gustar de la lectura. Así como el Principito diría que la amistad es un proceso de domesticación, el gusto y el ejercicio como lector implica un proceso específico de educación, de cultivarse en esa tarea. Programas de formación de lectores es, pues, una primera propuesta.
Por otra parte, la calidad en los escritos no es garantía en sí misma de atractivo e imán para el lector. Debemos reconocer que la calidad facilita la promoción y el interés pero no los sustituye. Por crear autores no entendemos la dimensión de apoyos a las personas con la vocación de escritor en el sentido de formación escolar o a través de talleres, sino a la creación, en el mercado, de los autores. Supuesta la calidad en las obras que se publiquen en Coahuila es necesario agregar a ella esquemas de promoción y posicionamiento del creador. Es comprobable el hecho de que la imagen vende. Hoy por hoy las grandes editoriales comerciales tienen áreas dedicadas exclusivamente al posicionamiento mediático de sus autores. Habrá editoriales que pongan en segundo término la calidad de lo escrito y antepongan a ello la fama del escritor (como es el caso de actrices convertidas de la noche a la mañana en escritoras), pero, insistimos, supuesta la calidad de lo que se publique en Coahuila, es importante generar una política de imagen del escritor y de su obra. En la selva es necesaria la estrategia para sobrevivir, pero también para ganar. El escritor, sobre todo aquel cuya trayectoria lo avala y no solo su decir personal, es un trabajador intelectual que debería contar con estímulos y asesorías específicamente para promover su obra y su imagen, pues ello tendría efectos en la generación de públicos y de lectores.
Otro aspecto que nos parece fundamental es la generación de un espacio de acercamiento entre el autor y el editor coahuilense. Hoy que las tecnologías nos permiten acceder a la información que necesitemos en cuestión de segundos, valdría la pena que los editores en el Estado conformemos una plaza virtual de apoyo al creador.
De lo que se trataría es que, por ejemplo a través de una página de internet, publiquemos datos, convocatorias, criterios y demás información pertinente para el creador, de tal suerte que aquel que quisiera publicar su obra se acerque de manera confiada y transparente al editor. No se trata de publicar caprichos o pagar favores a amistades o conocidos, sino de favorecer la publicación de aquel material de calidad que valga la pena ser editado y distribuido. Este tipo de prácticas justamente favorecería la posibilidad de que autores cuya obra no desmerece en calidad pero quizá no sean cercanos a los órganos de decisión editorial tengan posibilidades reales de ser publicados.
Un tercer elemento que queremos enfatizar en este encuentro es la necesidad de crear una plataforma de distribución de la producción editorial estatal, particularmente la universitaria y la independiente.
En el circuito comercial del libro, aquel que puede iniciarse en la creación, seguirse en la edición y publicación, tiene su fin natural en la distribución y venta o, dado el caso, en la mera distribución gratuita del libro. Así, el público por sí mismo, la sola calidad de la obra escrita y la buena fama del autor palidecen en su intento por posicionarse, venderse y ser leídos si no se cuenta con una infraestructura eficaz de distribución.
Si el objetivo es que los autores coahuilenses sean leídos, deben ser reforzadas tres rutas de acercamiento cuya intencionalidad es que, a mediano y largo plazo, exista una referencia a los autores estatales por parte de un público que potencialmente se crearía en estos años, en caso de ocuparse ya en la formulación e implementación de una política editorial integral para el estado de Coahuila. Las rutas son a) el sistema educativo básico y medio, a través de la distribución vía las bibliotecas escolares, b) el sistema de librerías universitarias y de organismos culturales, como puntos de venta de referencia para la producción editorial local y, c) una tercera ruta que tendría que ver nuevamente con un esfuerzo conjunto es la generación de un espacio de venta a través de la Red. Las editoriales universitarias, las independientes y aquellas colecciones editoriales que nacen de los presupuestos estatales y municipales deberíamos elaborar un catálogo que se colocara en la red, en un portal sostenido, por ejemplo, por el Icocult o bien por alguna universidad. Un mercado virtual posibilita lo básico: el conocimiento de la existencia de una obra y, desde luego, la venta de la misma.
El conjunto de propuestas de este segundo apartado tiene que ver con el aprovechamiento de la Red como plataforma que favorezca el conocimiento de lo que se escribe y edita en Coahuila, así como la posibilidad de que sea esa la vía más práctica de distribución y venta del libro coahuilense. Justamente esta sería la parte central de nuestra propuesta: el acercamiento del creador con el editor, de este con el librero y de él con el lector encuentra en la Red un espacio privilegiado para hacer que el libro llegue a su puerto de destino: el lector.
Un papel fundamental en esta propuesta tendrían que jugar el Instituto Coahuilense de Cultura, pero también las universidades, con entidades que le den consistencia y viabilidad temporal y financiera a un proyecto así.
El asunto es pensar en difundir y divulgar la obra literaria de los autores coahuilenses desde la región hasta las diversas latitudes de nuestro país y fuera de él.
Julio César Félix
José Edgar Salinas Uribe
Universidad Iberoamericana Torreón
*Ponencia para la Feria del Libro en Saltillo, Coahuila (21 de septiembre de 2008)
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