Venta prenavideña/Un cuento de Jesús Baldovinos Romero
El sitio se fue quedando vacío poco a poco. Quedaban muy pocos objetos de valor, la mayoría había sido subastada. Los familiares y los propios pacientes del manicomio habían podido vender todo lo que ya no ocupaban: mesas, sillas, ropa, hijos, una prima lejana, cartas de amor, silencios atrapados en la tarde, cuijas bañadas de luz, noches preñadas de cuentos sin sentido… todo, todo lo habían vendido. Bueno, casi todo. Aun quedaba la escoba con la que la chica del 23 salía a besar a la luna cada 28 días, el caballo de palo con el que el Napoleón del 5 rompía los cristales de las ventanas para poder llegar al campo de batalla, algunos extrañamientos. Arturo había sido el más afortunado, había logrado vender a los vendedores y a los consumidores, solo le quedaba una duda y un pequeño dolor de cabeza. No sabía quién lo compraría ahora que había dejado de ser un librero y se había convertido en un arbolito de navidad; así que para no sentirse triste por su soledad que se le amontonaba en el pasillo del hosptial, tomó un cable y se enchufó a la corriente para brillar hasta casi el amanecer.
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